El cuento es que el Sr. D. Rodrigo, por haber venido tan a menos, no encaja en nuestras costumbres de gente pobre, ni se acomoda al trato modestito que le damos. Y es natural: yo me pongo en su caso.

VENANCIO, rascándose la cabeza.

Hay que mirarlo todo, señores. Con la consignación que nos ha señalado la señora no podemos hacer milagros. A un grande de España, por más que ahora sea chico, no hemos de tenerle aquí como un estudiantón, hartándole de puchero, y... vamos, que con tanto extraordinario y tanta finura de cocina, se nos van nuestros ahorros que es un gusto.

EL CURA

En efecto...

GREGORIA

Y, por añadidura, vivimos siempre sobresaltados... Que si sale, que si tarda, que si le habrá pasado algo... Se necesita un regimiento de criados para servirle y atenderle.

VENANCIO

Tenemos aquí muchos trajines. Vivimos de nuestro trabajo.

GREGORIA