EL CURA
Comprendemos la idea; pero...
EL MÉDICO
Es una idea feliz; pero...
EL CONDE, irritándose.
¡Pero qué!... (Se calma y sonríe con desdén.) Si tuviera tiempo y ganas de entretenerme, os explicaría... (Sintiendo ruido detrás del sillón.) ¿Quién anda ahí? (Descubre a Venancio y su mujer.) Venancio, Gregoria, ¿por qué andáis por ahí acechando como espías? Venid a mi lado, que lo que digo, decirlo puedo y quiero también delante de vosotros. Ya todos somos iguales. Venid. (Se acercan tímidamente.) Pues decía: a ti y a ti (por el Cura y el Médico), según veo, os importa un ardite que las familias honradas... y no me refiero solo a las aristocráticas, sino a toda familia pundonorosa y decente... conserven la limpieza del nombre y de la sangre... (A Venancio y Gregoria.) ¿Y vosotros, qué pensáis, papanatas? También a vosotros os tienen sin cuidado las usurpaciones ignominiosas de estado civil, nombre, riqueza... (Callan los cuatro, observándole compadecidos.) ¡Ah, todos lo mismo: el sabio, el ignorante, igualmente ciegos ante el sol de la moral pura, de la verdad!... (Bruscamente, levantándose.) Me voy... no quiero más conversación, no quiero...
EL CURA, queriendo detenerle.
Pero, señor Conde...
EL MÉDICO
Señor, aguarde...