DOLLY

¿No tiene muchas hijas?

EL CONDE

Pero no son buenas, como vosotras.

NELL

¡Ay, pobrecito, cuánto padecerá!

DOLLY, compadecida.

Ya no volveremos a hacerle rabiar.

EL CONDE, notando, por los hondos suspiros que exhala Coronado, su disgusto de aquella conversación.

No se hable más de eso. Y ahora que nos hemos encontrado y no necesita usted estar al cuidado de las señoritas, puede irse a descansar, Sr. Coronado.