Seguramente no. Los monjes le tratarán con demasiado mimo, y el mimo y los agasajos excesivos pugnan con el carácter rudo y llanote del Conde de Albrit.

EL CONDE

Según y conforme, amigos míos. (Con sutil malicia.) Antes de resolver nada en este delicado punto, la primera persona con quien debo consultar es Venancio, a quien debo generosa hospitalidad... Venancio, acércate. ¿Has oído? Sí, tú todo lo oyes. ¿Qué te parece? ¿Debo ir a Zaratán?

VENANCIO. (Oportunamente aleccionado por el Médico y el Cura, contesta todo lo contrario de lo que tan ardientemente desea.)

Señor, en ninguna parte está usía como en su casa.

EL CONDE, con finísima marrullería.

Ya veis... ¡Cómo he de desairar yo a este hombre tan bueno para mí... que me hace la limosna con cristiana delicadeza!... Ea, hablemos de otra cosa.

EL CURA, contrariado de que el Conde desvíe tan bruscamente la conversación.

Pero esto no es óbice para que el señor Conde reciba al Prior...

EL MÉDICO