¡Ay!... ¡Maldito viejo!
GREGORIA, que acude en paños menores; tras ella, dos criados con un farol.
¡Sujetarle!... Ese hombre está loco.
EL CONDE, cuadrándose fiero.
¡Villanos, al que se atreva a poner la mano en el león de Albrit, al que manche estas canas, al que toque estos huesos, le mato, le tiendo a mis pies, le despedazo!
(Inmóviles y mudos, no se atreven a llegar a él. Dirígese Albrit impávido a su estancia, y penetra en ella sin mirarles.)
VENANCIO, mientras se restaña con un pañuelo la herida, de que brota sangre.
¡Encerrarle, encerrarle!
(Un criado da vuelta a la llave y la quita.)
FIN DE LA JORNADA TERCERA