EL CONDE, con voz firme.

¿Quién es... quién me llama? Si es el viento... perdone, hermano, no llevo suelto.

D. PÍO, que se ve obligado a agarrarse al Conde para no caer.

Soy yo, señor. ¿No me ha conocido? Soy Pío, el profesor de las niñas.

EL CONDE

¡Ah! Coronado... Acabáramos. ¿Y qué traes por estos sitios tan amenos, en noche tan deliciosa?

D. PÍO

En el momento de encontrar a usía buscaba mi sombrero, que me arrebató el viento.

EL CONDE

Pues no es fácil que te lo devuelva. Si temes constiparte sin sombrero, ponte el mío. En verdad, no me sirve más que de estorbo...