Yo quiero que designes la mejor. Figúrate que una ley ineludible te obliga a tomar una y a sacrificar la otra. (D. Pío se muestra sorprendido y confuso.) Hazte cuenta de que no hay más remedio, de que no puedes evadir el dilema terrible.
D. PÍO, rascándose la cabeza.
¡Vaya un compromiso! Pues si la cosa es tan por la tremenda, si no hay más solución que escoger una... (Decidiéndose, tras larga vacilación.) Pues... con todas sus travesurillas, con toda su inquietud diablesca, y, si se quiere, desvergonzada, la preferida es Dolly.
EL CONDE
¿Y en qué te fundas para tu preferencia?
D. PÍO, lleno de confusiones.
No sé... Hay algo en Dolly que me parece superior a cuanto vemos en el mundo. O mucho me equivoco, señor de Albrit, o la engendraron los ángeles.
EL CONDE, gozoso de encontrar una afirmación.
Mi Rafael era un ángel. Soy de tu opinión con respecto a Dolly, agudísimo Coronado. Veo que tu inteligencia sabe penetrar en la razón y fundamento de las cosas. Y me figuro que tu juicio se funda en observaciones...
D. PÍO, con inocencia angelical.