¡Y ese bon vivant de Carmelo, y el Médico, que creen haberme dejado preso en los Jerónimos, figúrate la cara que pondrán...!
D. PÍO, tocando las castañuelas.
Sí, sí: estará bueno el sainete.
EL CONDE, impaciente.
Vamos, vamos, que ya es hora de que nos riamos tú y yo, para desenmohecer nuestros espíritus, quitándonos las murrias de esta noche lúgubre... Bendito Coronado, padre general de los pelmazos, compendio de todos los males que acarrea la bondad, ya mereces la alegría... Ven a mi casa.
(Se agarran del brazo, y apoyándose el uno en el otro, se dirigen con incierto paso a la Pardina.)
ESCENA XIII
Comedor en la Pardina.
VENANCIO, GREGORIA, SENÉN, disponiéndose a cenar; después EL CONDE y D. PÍO. Gregoria pone la mesa.
VENANCIO