Parece que está contento el señor Conde.
EL CONDE
Sí... ¡Siento en mí una alegría...! Me río de pensar en la cara que pondrán Gregoria y Venancio cuando me vean entrar. Esta noche cenarás conmigo.
D. PÍO, suspirando.
Bueno: así entraré más tarde en casa. Cuando llegue a las tantas, y cenado, será ella.
EL CONDE
Te acompaño, ¿quieres? y armados los dos con buenas estacas, daremos un recorrido a las bribonas de tus hijas.
D. PÍO, contagiado del humor festivo del Conde.
Por Saturno, padre de los dioses, señor, que eso sería un lindo paso. Pero, ¡ay, cómo se vengarían después las muy perras!
EL CONDE, en vena de hilaridad.