Que puedes irte a tus quehaceres. Deseo estar solo. (Apoyando en la mano su cabeza, quédase meditabundo.)

GREGORIA, a su marido, que, al retirarse, amenaza con un gesto furtivamente al Conde.

¡Por Dios, Venancio...!

VENANCIO

¡Otra vez en mi casa...! Yo te juro que mañana no habrá en la Pardina más que un león... el de piedra, que está en el escudo. (Se van.)

ESCENA XIV

Jardín y casa del Alcalde. Al llegar Senén y D. Pío, ven y admiran el jardín, iluminado con farolitos de colores colgados de los árboles. En la sala baja, cuyas ventanas están abiertas, suena el cascabeleo del piano. Óyense desde la calle alegres risotadas, cantos juveniles y pataditas de baile.

LA ALCALDESA, SENÉN; después NELL; mucha y diversa gente, pollas y chicarrones de la localidad.

SENÉN, hablando con la Alcaldesa en la puerta de la sala baja, que está de bote en bote.

Sí, señora, que vayan al momento. Nos ha mandado a D. Pío y a mí con esta comisión. Al maestro le he dejado en el jardín como un palomino atontado. Esta y no otra es la razón de que vengamos a turbar el regocijo de su fiesta monocrástica.