LA ALCALDESA
¿Esa? Es capaz de tomárselo al lucero del alba.
SENÉN
Procure usted, Doña Vicenta, echármelas para acá, y si no puede usted a las dos, cójame a la que pueda... que ya es tarde, y el león debe de estar impaciente, sacudiendo las melenas.
(Intérnase Vicenta. Nell, rompiendo por entre el gentío, sofocada, fulgurantes los ojos de la batahola del baile y de la excitación de tanto charloteo, va en busca del antiguo criado de su casa.)
SENÉN
Señorita Nell, aquí estoy.
NELL
¡Vaya un fastidio, Senén! ¡Qué poco nos dura el contento! ¿Por qué no nos deja el abuelito cenar aquí? ¿Se ha puesto malo? (Senén deniega.) Pues nos iremos. Espérate un poquito... A ver dónde está Dolly.
SENÉN, en tono de protección.