¡Es lástima que las señoritas no disfruten de la sociedad!... Pero, según mis informes autorizados, pronto se les acabará el aburrimiento y la sosería de este destierro de Jerusa.

NELL, con vivo interés.

«Según tus noticias,» has dicho... Ah, Senén, tú has estado en Verola. ¿Hablaste con mamá?

SENÉN, haciéndose el discreto.

Vine esta mañana de Verola. Los vientos que allí corren son que la señora Condesa, cuando regrese a Madrid, no dejará a sus hijas en esta villa provinciana.

LA ALCALDESA, en alta voz, en medio de la sala, dando palmadas.

Aquí no se cabe, señoritas y caballeros. Al jardín, a mi jardín, que para eso os lo he iluminado a la veneciana.

(Salida impetuosa de la muchedumbre juvenil de ambos sexos, y de las personas mayores. La juventud se precipita, toma la delantera a los viejos, y se desborda fuera del recinto, ávida de mayor y más fresco espacio en que producir su actividad bulliciosa: la oleada pasa junto a Senén, pero no le arrastra.)

NELL, que permanece en la sala, conteniendo su afán de correr también hacia el jardín.

Dime pronto. ¿Te habló mamá? ¿Nos llevará consigo? (Senén afirma.) ¿Pero es verdad, o suposiciones tuyas? ¿Vuelve mamá por aquí?