Niñas mías, podéis creer que al llevarle a Zaratán nos guiaba el deseo de aposentarle dignamente. Creía y sigo creyendo...

EL CONDE, que sale generosamente a la defensa del Cura.

No te apures, Carmelo, por sincerarte. Estas tontuelas no están bien enteradas. Todo se reduce a que me llevásteis a dar un paseo en coche, y yo tuve la humorada de volverme a pie en compañía del buen Coronado.

EL ALCALDE, que entra presuroso, dando resoplidos.

Me lo temía, sí... me lo temía. El señor Conde se nos ha vuelto un chiquillo...

EL CURA, animándose con el refuerzo del Alcalde.

Y desconoce el grandísimo bien que hemos querido hacerle.

EL ALCALDE, con petulancia.

¡Vamos, que fugarse del Monasterio! No he visto otra... ¡Desmentir así su respetabilidad!

EL CONDE, con jovialidad desdeñosa.