Amigo Monedero, no es lo mismo hacer fideos que encerrar leones.

EL ALCALDE, quemado.

En una y otra cosa, Sr. de Albrit, me tengo por hombre que sabe su obligación.

EL CONDE

No la sabe muy bien cuando tan mal le ha salido esta tentativa.

EL CURA, interviniendo pacíficamente.

Permítame, señor Alcalde...

EL ALCALDE, echando roncas.

Digo y repito que sé mi obligación, y que no necesito que nadie me enseñe a sujetar a los que no deben estar sueltos.

EL CONDE, con desprecio.