No te conozco... No puedo ver en esas arrogancias al buen Pepe Monedero, servidor que fue de mi casa, cuando aquí, siguiendo las tradiciones de mi santa madre, consagrábamos parte de nuestra hacienda al socorro de los desvalidos.

EL ALCALDE, desconcertado.

Pues si usted me desconoce, le diré...

EL CONDE

No te empeñes en ello. No te conozco. Sobre que no veo bien, la ingratitud desfigura los rostros...

DOLLY

No sea usted ingrato, D. José María.

EL ALCALDE, reventando de vanidad.

Haga usted entender a su señor abuelo que soy el Alcalde de Jerusa.

DOLLY, estallando en ira, con gallarda fiereza.