Pues al Alcalde de Jerusa, y al Cura de Jerusa, y a todos los alcaldes y a todos los curas habidos y por haber en el mundo, les digo yo que es una oficiosidad inicua lo que han querido hacer con mi abuelo...
EL CURA
¿Pero tú...?
EL ALCALDE
¡Esta mocosa...! Usted...
DOLLY, creciéndose a cada palabra.
Sí, señor, yo... yo misma. Han faltado al respeto que merece el noble desvalido, el anciano, el padre de Jerusa, el que no debiera entrar en estos valles y en este pueblo sin que antes las piedras se levantaran para bendecirle, y hasta los árboles se arrodillaran para adorarle... ¿Por qué queréis privarle de libertad? No padece más locura que el cariño que nos tiene; y si los que se han criado a su sombra le menosprecian o le ultrajan, aquí estamos nosotras, sus nietas, para enseñar a todo el mundo la veneración que se le debe.
EL CONDE, en pie, cruzando las manos. (La emoción le ahoga.)
¡Señor, Señor, ella es... es la mía...! Su noble fiereza lo declara... (Vuélvese a Coronado, que está junto a él.) Esta, esta... la mía.
EL CURA, que ha permanecido junto a Nell.