EL CURA, que acaba de entrar.
Aquí otra vez; mas ahora no vengo por mi cuenta. Mensajero soy, amigo...
EL ALCALDE
Ya, ya... Alguna nueva leonada.
LA ALCALDESA
¿Pero qué quiere ese hombre?
EL ALCALDE, en jarras.
Ya me va cargando a mí ese fantasmón, que, después de todo, no es más que un desagradecido, pues bien podía mirar que, enchiquerándole en Zaratán, le dábamos más de lo que merece la polilla de sus pergaminos... Agradezca que da con un hombre de mi pasta... (No se refiere a la de sopa.)
EL CURA
Amigo mío, hay que respetar las grandezas caídas.