Y aguardando confiada los hechos, he querido dar a mi enmienda una sanción soberana, una garantía que asegure mi convicción y la de los demás. (Pausa.) Hoy he confesado con el Padre Maroto.

EL CONDE, gratamente sorprendido.

¡Ah!... ya me dijo la niña que estuvo aquí el Prior... Mas no sospeché...

LUCRECIA

No tenía sosiego, no podía vivir mientras no descargara mi alma de la horrible balumba... ¡Qué alivio, qué consuelo!

EL CONDE

Me da usted una grande alegría... Por de pronto, ¡qué situación tan distinta de aquella... la última vez que hablamos en la Pardina!

LUCRECIA

En efecto, yo he variado radicalmente.

EL CONDE