D. PÍO, parado en la acera de enfrente, contemplándole.

¡Albrit!

EL CONDE

¿Quién me llama? Conozco esa voz; es voz familiar.

D. PÍO, acercándose.

Soy Coronado, tu amigo... quiero decir, el amigo de usía. (Le abraza.)

EL CONDE

¡Ah! mi único amigo quizás... Ven, acompáñame. ¿En dónde estamos? Mi Jerusa también se vuelve contra mí, y me trastorna con el cariz nuevo de sus calles reformadas.

D. PÍO, guiándole.

Por aquí. Si va usía a la Pardina, entremos por el callejón del Cristo.