D. PÍO

¡Ah, señor! ahora y siempre, Coronado se lleva la palma. Y lo comprendería el señor Conde, si ver pudiera las magulladuras y cardenales de mi cara, donde esas condenadas han escrito esta tarde, con sus uñas, la maldad de sus corazones.

EL CONDE

¿Qué me dices?

D. PÍO

Me han insultado, clavándome sus garras en el rostro; me han herido en la cabeza con una palmatoria... me han tenido todo el día sin comer. Gracias que en casa de un amigo me dieron estos pedazos de pan...

EL CONDE

¿Y no las matas? Si malo es ser bueno, peor es no ser hombre.

D. PÍO, con desprecio de sí mismo.

Albrit amigo, yo no soy hombre... yo no sé lo que soy.