EL CONDE

Mátalas.

D. PÍO

¿Matar yo?... Ni un mosquito ha recibido la muerte de mi mano. Que las espachurre Dios si quiere... Y usía, señor D. Rodrigo, tenga la dignación de acabar conmigo esta misma noche, porque ya no puedo más, ya no aguanto más. Coronado no ha de ver salir el sol de mañana, porque ese sol significaría más vida; significaría luz, aire, sonido, y yo quiero... ver las tinieblas, oír el silencio. (Pateando con desesperación.)

EL CONDE

Así me gusta. ¿De modo que estás decidido?

D. PÍO

Tan decidido, que todo lo he dispuesto. Escribí la carta, en la que digo que a nadie se culpe de mi muerte, y no me he vestido de limpio, porque esas bribonas me han empeñado la ropa... ¿Pero qué me importa la ropa, si esta noche he de acabar? Ahora iba yo en busca de usía para que me cumpliera lo ofrecido.

EL CONDE, cogiéndole por un brazo y sacudiéndole con nerviosa fuerza.

Sí... lo haré, lo haré con toda el alma... Me siento esta noche... no sé... me siento criminal.