¡Bandidos, ladrones! (Vuelve a la puerta.)
SENÉN, sujetándole.
Deténgase, y óigame un instante. (Cierra la puerta y quita la llave.)
EL CONDE, amenazante.
¿Qué haces?... ¡Me encierras!
SENÉN, agitadísimo.
Una palabra, señor Conde, una sola, y usía comprenderá que quiero prestarle un gran servicio... Yo le explicaré...
EL CONDE
Pronto.
SENÉN