Lucrecia no ha querido decir a su padre político la verdad... Ese secreto, señor Conde, no lo posee más que un hombre en el mundo, y ese hombre soy yo.
EL CONDE
¡Tú!
SENÉN
Yo, que lo oculté, y ahora lo revelo. La hija falsa, la hija espúrea... es Dolly.
EL CONDE, aterrado.
¡Oh!... No, no... ¡Tú mientes! (Poseído súbitamente de un furor trágico.) Lacayo vil, tú mientes, y yo... ahora mismo (Se arroja sobre él, clavándole ambas manos en el cuello), ¡te ahogo, rufián! (Forcejean. El Conde, aunque anciano, es mucho más vigoroso que Senén; le arroja al suelo, y oprimiéndole con el peso de su cuerpo, le acogota.) ¡Villano, serpiente!... te mato, te ahogo, te aplasto. (Breve y formidable lucha.)
SENÉN, que al fin, con gran trabajo, logra desasirse del Conde.
¡Qué furor!... ¡Así paga mi servicio! Tengo pruebas.
EL CONDE