EL CONDE, con señoril bondad.
Gracias, gracias, mis buenos amigos Venancio y Gregoria. Me alegro de veros contentos y saludables... digo, como veros... (Mirándoles fijamente.) No, no veo bien más que las cosas grandes.
VENANCIO
¿Se sienta el señor aquí? (Conduciéndole a un sillón de vaqueta, junto a la mesa de nogal.)
EL CONDE
Donde quieras.
NELL
Y ahora nosotras, abuelito, hemos de vestirnos a escape...
EL CONDE
Sí, sí; no os detengáis.