Señor... unas gotitas de heliotropo...

EL CONDE

No he dicho nada... Abur.

SENÉN, aparte, retirándose.

Malas pulgas trae el león flaco de Albrit.

ESCENA VIII

EL CONDE, VENANCIO

Larga pausa. El Conde inclina la cabeza sobre el pecho, y se cubre los ojos con la mano. Venancio permanece en pie, a bastante distancia, contemplándole.

EL CONDE, alzando la cabeza y llevándose la mano al pecho, en que siente opresión.

¡Ay, Venancio! La emoción que he sentido al entrar aquí, no me deja respirar... (Venancio suspira y calla.) No creí volver a verte, casa mía, casa bendita de mis mayores, de mi madre... No esperaba recibir en mi alma esta ola de vida, formada por los recuerdos, embate de calor y de salud, que al pronto reanima al ser caduco; pero después... mata, sí, mata. La memoria me abruma, el sentimiento me ahoga... (Vuelve a pasarse la mano por los ojos.) No debí venir, no, no.