»El filósofo descubre la verdad; pero no goza de ella. El Cristo es la imagen augusta y eterna de la filosofía, que sufre persecución y muere, aunque sólo por tres días, para resucitar luego y seguir consagrada al gobierno del mundo.

»El hombre de pensamiento descubre la verdad; pero quien goza de ella y utiliza sus celestiales dones es el hombre de acción, el hombre de mundo, que vive en las particularidades, en las contingencias y en el ajetreo de los hechos comunes.

»Considerada en su conjunto y unidad, la filosofía es el triunfo lento ó rápido de la razón sobre el mal y la ignorancia.

»Al fin, lo que debe ser es. La razón de las cosas triunfa de todo.

»Desde su oscuro retiro, el sacerdote de la razón, privado de los encantos de la vida y de la juventud, lo gobierna todo con fuerza secreta. Él sabe ceder al hombre de mundo, al frívolo, al perezoso de espíritu las riquezas superficiales y transitorias, y se queda en posesión de lo eterno y profundo. Se halla colocado entre dos esferas igualmente grandes: el mundo exterior y su conciencia.

»La conciencia es creadora, atemperante y reparadora. Si se la compara á un árbol, debe decirse que da flores preciosísimas, cuya fragancia trasciende á todo lo exterior. Sus frutos no son la desabrida poma del egoismo, sino un rico manjar que se reparte á todo el que tiene hambre.

»Estas flores y frutos suplen en la sociedad la falta de un principio de organización. Porque la sociedad actual sufre el mal del individualismo. No hay síntesis. La total ruina vendría pronto si no existiese el principio reconstructivo y vigilante de la conciencia...»

Y tanto hablé que concluí por sufrir ligero aturdimiento. Observé que algunos chicos bostezaban; pero otros me oían con gran atención. Algunos de estos pedantuelos que todo lo quieren saber en un día y que son harto pegajosos y marean al profesor con preguntillas, me dijeron al salir que no habían entendido bien; á lo que respondí, entre bromas y veras, que ya lo irían entendiendo á fuerza de cardenales, si eran escogidos, y si no, que muy bien se podían pasar sin entenderlo. Llamaba yo escogidos á los que tienen la piel delicada para apreciar bien los palmetazos, pellizcos y carrilladas que da el grande y próvido maestro de escuela, pues á los señores que tienen sus almas forradas con cuero semejante al del rinoceronte, ni con disciplinas les entra una sola letra.


XL