—Yo concedo que por circunstancias especiales te resistas á unirte á ella con lazos que duran toda la vida. Yo convengo en que podrías considerar este casorio como un entorpecimiento en tu carrera... Podrías aguardar á que dentro de algún tiempo, cuando tu notoriedad fuera mayor, se te presentara un partido brillantísimo, una de estas ricas herederas que se pirran porque las llamen ministras... Eres medianamente rico; pero tu fortuna no es tan considerable, que puedas aspirar á satisfacer las exigencias, mayores cada día, de la vida moderna. La riqueza general crece como espuma y las competencias de lujo llegan á lo increible. Dentro de diez ó quince años quizás te consideres pobre, y quién sabe, quién sabe si las posiciones oficiales que ocupes ofrezcan un peligro á tu moralidad. Piénsalo bien, Manuel, mira á lo futuro, y no te dejes arrastrar de un capricho que dura unas cuantas semanas. Ten por seguro que si te dispensan la edad, entrarás en el Congreso antes de tres meses. Al año, ya tus grandes facultades de orador te habrán proporcionado algunos triunfos. Te lucirás en las comisiones y en los grandes debates políticos. Puede ser que á los dos años de aprendizaje seas lugarteniente de un jefe de partido, ó coronel de un batalloncito de dragones. De seguro acaudillarás pronto uno de esos puñados de valientes que son la desesperación del Gobierno. Te veo subsecretario á los veinte y seis años, y ministro antes de los treinta. Entonces... figúrate: un matrimonio con cualquier rica heredera americana ó española remachará tu fortuna, y... no te quiero decir lo que esto valdrá para tí...

Él me miraba atento y pasmado. Yo, firme en mi propósito, continué así:

—Ahora examinemos el otro término de la cuestión. La pobre Irene... Es una buena chica, un angel; pero no nos dejemos arrastrar del sentimentalismo. De estos casos de desdicha está lleno el mundo. La que cae, cae, y adivina quien te dió... Supongamos que tú, inspirándote ahora en ideas de positivismo, das por terminada la novela de tus amores, la rematas de golpe y porrazo, como el escritor cansado que no tiene ganas de pensar un desenlace. La víctima llorará mucho; pero los ríos de lágrimas son los que al fin resisten menos á las grandes sequías. Al dolor más vivo dale un buen verano y verás... Todo pasa, y el consuelo es ley del mundo moral. ¿Qué es el Universo? Una sucesión de endurecimientos, de enfriamientos, de trasformaciones que obedecen á la suprema ley del olvido. Pues bien, la joven se oculta, se desmejora; pasa un año, pasan dos, y ya es otra mujer. Está más guapa, tiene más talento y seducciones mayores. ¿Qué sucede? Que ni ella se acuerda de tí, ni tú de ella. Es verdad que su pobreza la impulsaría quizás á la degradación; pero no te importe, que la Providencia vela por los menesterosos, y esa discreta y bonita joven encontrará un hombre honrado y bueno que la ampare, uno de esos solterones que se acomodan á la calladita con los restos del naufragio...

—Por vida de las ánimas—gritó Peña con ímpetu, sin dejarme acabar,—que si no le tuviera á usted por el hombre más formal del mundo, creería que está hablando de broma. Es imposible que usted...

Lo que yo decía hubiera sido insigne perfidia, si no fuera táctica, que mi discípulo descubrió antes de tiempo. Anticipándose á mi estratagema, me descubría lo que yo quería descubrir. No me quedaba duda de la rectitud de su corazón...

—No siga usted—exclamó levantándose.—Yo me marcho: no puedo oir ciertas cosas...

Y yo entonces me fuí derecho á él, le puse ambas manos sobre los hombros, hícele caer en el asiento. Cada cual quedó en su lugar con estas palabras mías:

—Manuel, esperaba de tí lo que me has manifestado. Al suponer que yo bromeaba, veo que sabes juzgarme. No estaba seguro de tu modo de pensar, y te armé una argumentación capciosa. Ahora me toca á mí hablar con el corazón... ¿Quieres un consejo? Pues allá va... No sé cómo has esperado á pedírmelo; ni sé cómo has creido que fuera de tu conciencia hallarías la norma de tu conducta... Para concluir: si no te casas, pierdes mi amistad; tu maestro acabó para tí. Toda la estimación que te tengo será menosprecio, y no me acordaré de tí sino para maldecir el tiempo en que te tuve por amigo...

Me dió un abrazo. En su efusión no dijo más que esto: