—Mira, perdido—le dije tomándole por un brazo.—Que quieras que no, te llevo á casa. No irás á la Farmacia. Yo lo mando y tienes que obedecer á tu maestro.

—Transacción... Procuremos conciliarlo todo, como dice su hermano de usted. No iré á la Farmacia; pero no puedo acostarme sin tomar algo.

—Pero, gandul, ¿No has cenado en casa de José?

—Sí... Distingamos; no es precisamente porque tenga apetito. Es por aquello de ir á alguna parte.

—¿Y á dónde quieres ir?

—Renuncio á la Farmacia con tal que usted me acompañe á tomar buñuelos.

—¿Dónde, libertino?

—Aquí, en la buñolería de la calle de San Joaquín. Está fría la noche, y una copita de aguardiente no viene mal.

—¿Estás loco? ¿Crees que yo..,?

—Vamos, magister, sea usted amable. Ya ve usted que por complacerle renuncio á ir á mi círculo. Es cuestión de diez minutos. Luego nos iremos juntos á nuestra casita, como las personas más arregladas del mundo.