—Sí... saldremos juntos. ¿A dónde iremos? ¿A tu casa o a la mía?
—Por de pronto a la tuya, Cintia. Esta noche cantaremos el Gloria in excelsis, y adoraremos a nuestro Niño Dios.
—Está bien. Vámonos a mi casa, Gil, que ya es tuya, como la tuya es mía... Y mañana...
—Mañana y siempre juntos... Despídete... Aquí te espero.
—Ya me he despedido... Ahora tú... Nos encontraremos en la antesala...
—Ea, ya estamos en franquía. Te doy el brazo para bajar la escalera...
—Ya bajamos... Despide tu automóvil... ya entramos en mi coche... Abracémonos y besémonos cuanto nos dé la gana...
—Ya era hora... Llegamos a tu casa.
—Ya subimos... Entra... Verás a Héspero... Pasa... Aquí le tienes dormidito...
—Ya lo veo: ¡qué ángel! Es mi retrato...