—Construiremos veinte mil escuelas aquí y allí, y en toda la redondez de los estados de la Madre. Daremos a nuestro chiquitín una carrera: le educaremos para maestro de maestros.

—Y en la plaza de Nueva-Boñices pondremos la estatua de Alquiborontifosio de las Quintanas Rubias.

—Y a Cíbico le traeremos a nuestro lado...

—Y al gran Becerro nombraremos archivero mayor de todos los reinos descoronados... con un sueldo que asegure su existencia estudiosa...

—Y a la ardilla de Cíbico la nombraremos monja honoraria de todos los conventos.

—Y convertiremos en barrenderos o en repartidores de periódicos a todos los Gaitanes, Gaitines y Gaitones...

—Eso y mucho más haremos... Cuidado... parece que termina el concierto...

—Sí... aplaudamos. No digan que somos insensibles a la buena música.

—Yo aplaudo a rabiar.

—Ahora, vida y alma mía, despidámonos... tú primero, yo después... y quedemos de acuerdo para salir juntos. ¿Tienes en la calle tu coche?