(Vestido el caballero a punto de las doce, les convidó a almorzar.)
Becerro. (A Tarsis, camino del comedor.)—Has desatinado lindamente. Veo que estás alegre.
Tarsis.—El día empezó nublado. La Diosa lo despejó trayendo a casa el sol.
Bálsamo. (A Ramirito.)—No le haga usted caso. Yo le conozco; se emborracha con el dinero, ya venga de Dios, ya de La Diosa.
IV
Cuéntase la rigurosa desdicha del caballero, seguida de sucesos increíbles.
Pasados bastantes días, cercana ya la inauguración o apertura del verano, cayó sobre el caballero Tarsis una fuerte desdicha que le puso fuera de sí. La sacudida que agitó su alma le llevó del pesimismo a la desesperación, y eran de oír sus voces iracundas, eran de ver sus gestos de rabia, como de hombre que se pierde en un laberinto y no sabe qué camino tomar para salir de él. Ello fue que cuando parecía pan comido la boda del caballero con la chica de Mestanza, tan pelada de carnes como guarnecida de riquezas, de pronto los padres de ella volvieron de su acuerdo; vaciló por unos días la novia, fluctuando entre la obediencia filial y un amor desabrido, hasta que al fin se le notificó oficialmente al Marqués de Mudarra que no había nada de lo dicho, y que podía llamar a otra puerta.
Indagado el motivo de tal infracción de la regla social, se puso en claro que los padres de la niña cedieron al consejo y halago de otros Padres, que así se llaman por serlo de las almas, y regidores de las conciencias. En una grave conversación que tuvo Tarsis con su excelso padrino Torralba de Sisones, confirmó este lo que públicamente sonaba.
—Desde que empezaron tus relaciones con esa que parece el espíritu de la golosina —le dijo—, te advertí que procurases poner en tus palabras el sentido más católico, y que no dejaras escapar en aquella casa concepto ni apreciación, ni siquiera chiste, que dañe a la única religión verdadera, o al culto, o a sus ministros. Sé que no me has hecho caso; no has sabido refrenar el flujo de las frases irónicas y punzantes para lucir tu ingenio. Bien merecido te está el desastre; porque del otro lado... yo lo supe hace un mes y traté de estar al quite... del otro lado los Padres trabajaban contra ti y en favor de un joven muy arrimado a ellos desde su tierna infancia. Pues ya sabes que te ha desbancado Luisito Codes, no necesito decirte de dónde ha venido tu desgracia, porque esos benditos Padres protegen a los chicos buenos, dóciles y observantes de la ley de Dios con celo y maneras devotas. Natural es que miren por esa juventud recoleta, y que traten de formar familias cristianas, ayuntando a los muchachos de conducta ejemplar con las chicas bien dotadas. Es una labor social muy meritoria que asegura la perfecta ortodoxia de la generación futura.
Respondió Tarsis a estas razones con el desprecio y burla de los de Mestanza, de su dinero y de la niña descarnada y angulosa. Su amor propio se rehizo al instante, y recompuso con excelentes reflexiones el castillete de su dignidad. Pasados dos o tres días volvió el padrino a la carga de sus consejos, encareciéndole que redujese a la mitad sus gastos, rebajando en mayor proporción sus apetitos y goces desaforados, y por fin de fiesta le dijo: