—¿Y qué haces aquí? Pedir limosna, vagabundear, merodear...
El héroe no entendía esta última palabra; que si la entendiera, habría protestado severamente. Tan sólo dijo:
—Busco un desacomodo.
No hay medio de averiguar de dónde había sacado el entendimiento de mi hombre aquel barbarismo de anteponer á ciertas palabras la sílaba des. Sin duda creía que con ello ganaban en finura y expresión y que se acreditaba de esmerado pronunciador de vocablos.
—¿Buscas un des...? ¿Qué dices, muchacho?...
—Digo que estoy buscando... de ver cómo encuentro... de que poniéndome á servir á un señor, me deje tiempo para destruirme.
—Hombre, sí, destrúyete, porque eres el bárbaro mayor que he visto... Pero explícame, ¿cómo te las arreglas? ¿cómo y dónde vives? ¿quién te mantiene?
El héroe dió un gran suspiro, un suspirote que no cabía dentro de la rotonda del Observatorio.
—Una noche dormí en aquella casa.
Señalaba al Museo.