—Cuidado, don Alejandro.

—¡Perdido!...

—¡Si esta casa es un...!

—Permítanme ustedes, señores...

—¡Silencio!

—Nada: yo llamo á la pareja, porque, francamente, aunque la cosa no merece la pena, si se mira bajo el prisma de la decencia...

—Don Alejandro, usted es un acá y un allá.

—Señores...

—Bruto...

—Paz, paz... No es para tanto...