—¡Pillos!...
—La Carniola es también hermosa figura—afirmó el poeta, desvanecido de entusiasmo.—Yo veo aquellos dientes de perlas; aquellos ojos lánguidos, perezosos, traicioneros; aquel perfil de helénica estatua, la tez pálida, el arrogante talle... No concibe la imaginación mujer que la supere ni aun que la iguale. Respira amores; su mirada acaricia quemando...
Diciendo esto, rompió á toser con tanta fuerza, que parecía que se le desgarraba el pecho y que se le salían las entrañas por la boca. Calmado aquel violento espasmo, quedóse como desmayado y sin fuerzas. Su resuello era un áspero silbido; su frente estaba empapada en tibio sudor.
—Vámonos—dijo Felipe asustadísimo.—Hace aquí mucho frío.
Bien cubierto con su capa, mas tiritando, andaba el manchego, apoyado en su fiel secretario. Al llegar á la casa se acostó. La fiebre era intensísima... Deliraba.
III
El mal comenzado, ó más bien recrudecido aquella noche, tenía trazas de no concluir fácilmente. Con modorra y pesadez durante el día, con desasosiego por las noches, pasó Alejandro más de una semana, sin adelantar en su restablecimiento, antes bien decayendo y debilitándose por grados. Una mañana le encontró Felipe despierto á la hora en que por lo general dormía. Palidez mortal cubría su rostro, y sus ojos, engrandecidos enormemente, expresaban estupefacción y terror. ¡Qué noche había pasado!... Después de largas horas de inquietud y ardor tan grandes, que creyó revolcarse en un lecho de púas y brasas, había sentido dolorosísima obstrucción en el pecho... No se le quitó hasta que hubo arrojado enorme cantidad de sangre por la boca. Felipe no sabía qué hacer. Su amo, cerrando los ojos, cual si no tuviera fuerzas ni para soportar el peso de los párpados, le dijo:
—Corre, Felipe, y llámate á Cienfuegos...
Cienfuegos, asustadísimo, disimulaba su disgusto. Tenía ya diplomacia médica, antes de tener la ciencia y el título.
—Esto no es nada...—manifestó con énfasis doctoral.—Te voy á dar el percloruro de hierro líquido. Tendrás un poco de paciencia... y sobre todo mucha tranquilidad. No te ocupes de nada... Cualquier cosa que necesites, ya sabes dónde estamos... Volveré esta tarde y mañana y todos los días.