Subiendo á la cumbre voy
del monte de mi fortuna.
Á su extremo soberano
sólo falta un escalón:
dame la mano, ambición;
lisonja, dame la mano[2].
En el Duque... para que lo comprendas mejor... no sólo ama al amante, sino al caballero, al gran señor, al futuro soberano de la Italia toda... ¡Y qué figura la de Catalina! ¡No habrá actriz que me la interprete, no la habrá! Yo la estoy viendo como te veo á tí: es alta, esbeltísima, morena, de tez descolorida, con unos ojos negros en los cuales centellea una dulzura incandescente y derretida, que te embelesa abrasándote... En fin, no hay actriz que me la represente... Yo me duermo, tengo mucho sueño. Me parece que estoy bueno ya... ¿no crees...?
[2] Estos versos y los precedentes son de Calderón.
IV
¡Y qué bien durmió aquella noche! Las doce del día serían cuando Felipe se aventuró á despertarle. Toda la tarde estuvo charla que charla, y habría salido á la calle si Cienfuegos no se lo prohibiera por estar el tiempo frío y amenazando lluvia. Como no carecía de dineros, mandó traer comida de la fonda. ¡Lástima grande que el apetito le faltara! Era muy extraño que apeteciera éste y el otro plato, y que en el momento de verlos delante, le entraran invencibles repugnancias. Esto le ponía triste, y decía: