—¿Qué tal te encuentras?—le dijo Federico acariciándole la barba.
—Ahora, bien—replicó el tobosino con cierta facilidad de respiración y palabra que antes no había tenido.—¿Qué hora es?
—Las ocho.
—¡Qué días tan largos! Encended luz. Ya es de noche. ¡Qué obscuro está el cuarto! Felipe, abre toda la ventana. Mira, Ruiz: ya empiezan á verse tus estrellas. El cielo católico enciende las luces de su santoral nocturno. Lámparas infinitas alumbran á la piedad y á la ciencia. ¿Qué santos son aquéllos, según tu sistema?
—Por allí veo el Escorpión. Aquella hermosa estrella es la llamada Antarés, que para mí es Santo Domingo de Guzmán. La constelación correspondiente á este mes es el Toro, San Marcos, porque el sol entra en sus dominios, y en ellos está Aldebarán, San Juan Bautista, que se celebra el 24 de este mes...
—¿Y estamos á...?
—Á 18... Te encuentro muy bien esta noche.
—Sí—dijo el paciente con animación.—Respiro sin trabajo. Se me figura que de esta vez la mejoría va de veras. Ya es tiempo. Hay conciencia física, como decía el bendito don Jesús Delgado, y la mía me está dando avisos de salud... Esta noche me dijo Moreno que ya la semana que entra podré marcharme. El ordinario me ha dicho que está hermosísimo el campo en la Mancha, por lo mucho que ha llovido... ¡Qué ganas tengo de verlo!...
—Estás mejor; pero por lo mismo que estás mejor, ¿me entiendes? debes ocuparte, debes pensar... No quiere esto decir que haya peligro... Los hombres deben hallarse siempre preparados para todo lo que pueda venir. Tú eres persona seria y de creencias; así es que...
Poleró, que desde la puerta oía esto, adelantóse prontamente, diciendo: