Ido.—No, hombre, no: yo no voy á escribir para que se duerman los lectores... Pienso desarrollar un estupendo plan moral: enaltecer la virtud y condenar el vicio... ¡Buena zurra les daré á los pícaros...! pondré como ropa de pascuas á los perdularios y jugadores, y á las mujeres levantadas de cascos que faltan á sus maridos, y á todas esas bribonazas que corrompen á la sociedad... Algo, naturalmente, francamente, he de tomar del mundo visible; y, por ejemplo, al pintar un empedernido avaro, me acordaré de Resplandor; si pongo hembras malas, tendré presentes á Cirila y su hermana; al ocuparme de los hombres oprimidos del peso de su condición social, sacaré á relucir á nuestro don Pedro Polo, si bien cuidaré de presentarles á todos en fantasía y de hacerles hablar un lenguaje escogido, sutil y que no sea como el lenguaje que hablamos en el mundo. Ya he principiado á revolver mis libros leyendo ésta ó la otra página, para que se me vayan pegando las frases bonitas y voces refinadas que debo usar. Tipos no han de faltarme: para el de la mujer virtuosa, tengo á Nicanora, á quien veo como ángel de fidelidad, dulzura y belleza; y para modelo de muchachos leales, tú... Pero ya llegamos. El vehículo mortuorio se detiene ya en la puerta del descanso eterno; los convidados bajan, y vamos todos á cumplir este deber triste con los fríos despojos que nuestro desventurado amigo nos dejó al partir para la Gloria Eterna.

Madrid, Mayo de 1883.

FIN DE EL DOCTOR CENTENO


ÍNDICE

Páginas.
[I].—Introducción á la Pedagogía.[I-5]
[II].—Pedagogía.[I-57]
[III].—Quiromancia.[I-161]
[IV].—En aquella casa.[II-5]
[V].—Principio del fin.[II-91]
[VI].—Fin.[II-153]
[VII].—Fin del fin.[II-229]

Nota de transcripción