—Sí, para colocaciones estamos,—dijo Cienfuegos.

—Como me traigas buenas noticias—indicó Miquis,—te prometo...

—¡Adiós! ya está éste tocando el violón... No prometas nada, Alejandro, no prometas.

—Vas á llevarme esta carta.

—Sí, señor.

—Á la calle del Almendro. Entérate bien ó te pego. ¿Sabes dónde está?

Felipe vacilaba.

—Entras por Puerta Cerrada...

—Sí, sí... démela, démela.

—Bien claritas he puesto las señas. Número 11, cuarto segundo. ¿Sabes leer?