—Pues mira, hoy caes aquí como agua de Mayo. Nunca podrías ser más oportuno. Me vas á hacer un recado.

—¡Un recado!...—exclamó el Doctor con alegría.—Si los señoritos me buscaran una colocación...

—Sí, para colocaciones estamos,—dijo Cienfuegos.

—Como me traigas buenas noticias—indicó Miquis,—te prometo...

—¡Adiós! ya está éste tocando el violón... No prometas nada, Alejandro, no prometas.

—Vas á llevarme esta carta.

—Sí, señor.

—Á la calle del Almendro. Entérate bien ó te pego. ¿Sabes dónde está?

Felipe vacilaba.

—Entras por Puerta Cerrada...