Ponte tú en medio de la calle y responde con brío:
¡Qué escucho! ¡cielos, valedme!
Y yo te doy la estocada:
¡Válgate el infierno!
Tú dices entonces con angustia:
Aguarda.
Oye una palabra... advierte...
Y yo te remato así:
¿Palabras yo? toma hierro.
Y caes bañado en sangre gritando: