—¿Desmentirás a mi sobrina?

—Yo no desmiento a nadie. Simplemente digo que muchas gracias, y que guarde usted su credencial para otro.

Diciendo esto, Salvador clavó tenazmente los ojos en el semblante de Cicerón, tratando de leer en él los móviles de conducta tan extraña. Aquella extemporánea protección del Maestro sublime perfecto, otorgada precisamente a quien acababa de hacer a la congregación una ofensa grave, encerraba sin duda algún misterio. Conocía bastante Monsalud el carácter de Campos para creer en su benevolencia, y conocía bastante el Orden para suponerle capaz de dar a los que no pedían. Ni consideraba tampoco verosímil la intervención de Andrea en aquel asunto. Hizo diversos juicios y sentó varias hipótesis; pero ni de aquellos ni de estas resultó nada concreto. También fue inútil la observación analítica del plácido rostro de Campos, pues el gran masón no era hombre que a su cara permitía vender los secretos del entendimiento.

—Yo lo agradezco mucho —repitió el joven—; pero de ningún modo puedo aceptar.

—Basta: para fórmula modesta, para vergüencilla de niño bien educado, basta ya —dijo Campos burlonamente—. Pues esto que ahora te doy, no es más que para hacer boca. Ya he hablado al ministro de enviarte a desempeñar una de las superintendencias de Indias, con la cual puedes ser hombre rico en diez años.

Aquel proyecto de envío a Ultramar, aumentando al principio la confusión del joven, confirmó sospechas dolorosas que en su alma empezaban a nacer.

—¡Repito que no y que no! —dijo con la mayor energía—. Muchas gracias por todo; pero celebraré que no me vuelva usted a hablar de eso.

—Entonces —indicó Campos, cruzando los brazos en señal de perplejidad—, pide por esa boca. Imagina algún imposible; pide la luna, a ver si te la podemos dar.

—Lo que deseo, ya lo pedí en la tenida.

—Pues eso es un disparate. Ya te he dicho que no podemos decidir nada. Hay cuestiones que no se resuelven sino dejándolas sin resolución. ¿Te ríes...? ¡Maldita sea tu filantropía! Yo quisiera comprender en qué consiste tu interés por Gil de la Cuadra.