En aquel momento arrojaba su corazón al perro.
XVII
—Pues lo pasado, pasado —dijo Campos—. Amigos otra vez. Olvidemos las ofensas que mutuamente nos hayamos hecho.
—Pasemos la trulla.
Trulla era la cuchara de albañil, y la idea de pasarla indicaba olvido y perdón de las injurias, idea que bien podía expresarse hablando como la gente.
—Ahora me toca a mí —dijo Salvador.
—Ahora te toca a ti —añadió Campos sacando dos cigarros habanos y ofreciendo uno a su amigo—. Ahí va esa pólvora del Líbano. Fumemos.
—¿Usted me promete que Gil de la Cuadra no será condenado a muerte?
—Eso no.
—¿Me promete usted que se sobreseerá su causa?