—¿Estamos ya en Madrid?
Sin hacer caso de la pregunta, Garrote, cuyo semblante expresaba el goce de una gran curiosidad satisfecha, dijo:
—¿Conque es usted...?
Uno de los hombres armados que custodiaban al preso en el carro, añadió:
—El héroe de las Cabezas.
Y junto al carro sonó este grito de horrible mofa:
—¡Viva Riego!
Garrote se empeñó en apartar a la gente que rodeaba el carro, apiñándose para ver mejor al preso e insultarle más de cerca.
Un hombre alargó el brazo negro, y tocando con su puño cerrado el cuello del enfermo, gritó:
—¡Ladrón, ahora las pagarás!