Don Urbano. Resultados obscuros, contradictorios, variables cada día, cada hora. Momentos hay en que la chiquilla nos revela excelsas cualidades, mal escondidas en su inocencia; momentos en que nos parece la criatura más loca que Dios ha echado al mundo. Tan pronto le encanta a usted por su candor angelical, como le asusta por las agudezas diabólicas que saca de su propia ignorancia.
Marqués. Exceso de imaginación quizás, desequilibrio. ¿Es viva?
Don Urbano. Tan viva como la misma electricidad, misteriosa, repentina, de mucho cuidado. Destruye, trastorna, ilumina.
Marqués (levantándose). La curiosidad me abrasa ya. Vamos a verla.
ESCENA III
El Marqués, Don Urbano; Cuesta, por el fondo.
Cuesta (entra con muestras de cansancio, saca su cartera de negocios y se dirige a la mesa). Marqués... ¿tanto bueno por aquí...?
Marqués. Hola, gran Cuesta. ¿Qué nos dice nuestro incansable agente...?
Cuesta (sentándose. Revela padecimiento del corazón). El incansable...¡ay! se cansa ya.
Don Urbano. Hombre, ¿qué me dices del alza de ayer en el Amortizable?[9]