Marqués. Ya, ya.
Don Urbano. Fueron tales, que la familia, dolorida y avergonzada, rompió con ella toda relación. Esta niña, cuyo padre se ignora, se crió junto a su madre hasta los cinco años. Después la llevaron a las Ursulinas[4] de Bayona.[5] Allí, ya fuese por abreviar, ya por embellecer el nombre, dieron en llamarla Electra,[6] que es grande novedad.
Marqués. Perdone usted, novedad no es; a su desdichada madre, Eleuteria Díaz, los íntimos la llamábamos también Electra, no sólo por abreviar, sino porque a su padre, militar muy valiente, desgraciadísimo en su vida conyugal, le pusieron Agamenón.[7]
Don Urbano. No sabía... Yo jamás me traté con esa gente. Eleuteria, por la fama de sus desórdenes, se me representaba como un ser repugnante...
Marqués. Por Dios, mi querido Urbano, no extreme usted su severidad. Recuerde que Eleuteria, a quien llamaremos Electra I, cambió de vida... Ello debió de ser hacia el 88...
Don Urbano. Por ahí... Su arrepentimiento dio mucho que hablar. En San José de la Penitencia[8] murió el 95 regenerada, abominando de su pasado...
Marqués (como reprendiéndole por su severidad). Dios la perdonó...
Don Urbano. Sí, sí... perdón, olvido...
Marqués. Y ustedes, ahora, tantean a Electra II para saber si sale derecha o torcida. ¿Y qué resultado van dando las pruebas?