Máximo. Volverá al instante. Hemos comido, y ahora tomaremos café.

Marqués. ¡Han comido! (Observando la mesa.)

Máximo. Un arroz delicioso, hecho por ella.

Marqués. ¡Bendita sea mil veces! (Muy desconsolado.) ¡Pero, hombre! ¡No haberme convidado! Vamos, no se lo perdono a usted.

Máximo. ¡Si esto ha sido una improvisación! ¿Por qué no pasó usted antes, cuando estuvo en la fábrica...?

Marqués. Es verdad... Mía es la culpa.

Máximo. Tomaremos café. Y perdone, querido Marqués, que le reciba y le obsequie en esta pobreza estudiantil.

Marqués. Ya lo he dicho: no acabo de comprender que usted, hombre acaudalado, teniendo arriba tan magníficas habitaciones...

Máximo. Es muy sencillo... La ciencia y el hábito del estudio me recluyen en esta madriguera. He puesto a mis hijos en los aposentos bajos para tenerlos cerca de mí, y aquí vivo, como un ermitaño.

Marqués. Sin acordarse de que es rico...