Pantoja (devorando su humillación). Bien, bien... Me lo has negado por segunda vez... No tengo más que dos mejillas.[78] Si tres tuviera para recibir de tu mano tres bofetadas, por tercera vez te pediría lo mismo. (Con gravedad y rigidez, sin ninguna inflexión de ternura.) Adiós, Electra... Máximo, Marqués, adiós.
Electra (en voz baja a Máximo). Por Dios, Máximo, transige un poco...
Máximo (redondamente). No.
Electra. ¿No dijisteis que me llevaríais tú y el Marqués? Vámonos todos juntos. (Esta frase es oída por Pantoja en su marcha lenta hacia la salida. Detiénese.)
Máximo (con energía). No... Él ha de irse primero. Cuando a nosotros nos acomode, y sin la salvaguardia de nadie, iremos.
Pantoja (fríamente, ya en la puerta). ¿Y a qué vas tú? ¿A empeorar la situación de la pobre niña?
Máximo. Voy... a lo que voy.
Pantoja. ¿No puedo saberlo?
Máximo. No es preciso.
Pantoja. No he pretendido que me reveles tus intenciones. ¿Para qué, si las conozco? (Da algunos pasos hacia el centro de la escena clavando la mirada en Máximo.) No me fío de la expresión de tus ojos. Penetro en el doble fondo de tu mente: allí veo lo que piensas... No te interrogué por saber tu intención, que ya sabía, sino por oírte las bonitas promesas con que la encubres... En ti no mora la verdad; en ti no mora el bien, no, no... no... (Vase despacio repitiendo las últimas palabras.)