Electra. ¿El señor de Pantoja...?

Marqués. Ése rezongará, nos dará cuantas jaquecas pueda, si se las consentimos; tocará la trompa bíblica para meternos miedo; pero no le hagas caso.[87]

Electra. ¿De veras?

Marqués. No puede nada, nada absolutamente.

Electra. Y si me le encuentro por ahí, ¿no tengo por qué asustarme?

Marqués. Como te asustaría un moscardón con su zumbido mareante, que va y viene, gira y torna...

Electra. Oh, qué alivio para mi pobre espíritu! (Con entusiasmo cariñoso.) Señor Marqués de Ronda, Dios le bendiga.

Marqués (muy afectuoso). ¡Pobre niña mía! Dios será contigo.

ESCENA IV

Los mismos; Don Urbano, que viene de la casa, con sombrero.