Electra. A los padres de Máximo sí les conoció usted.
Marqués. A la madre no la vi nunca: era francesa, señora de gran mérito. Mi mujer fue su amiga. A Lázaro Yuste sí le traté, aunque no con intimidad, en España y en Francia, allá por el 68...[85] Hombre muy inteligente y afortunado en el negocio de minas, y con no poca suerte también, según decían, en las campañas amorosas. Era hombre de historia.
Electra. En eso no se parece a su hijo, que es la misma corrección.
Marqués. Bien puedes decir que te ha tocado el lote de marido más valioso y completo: cerebro de gigante, corazón de niño. Por tenerlo todo, hasta es poseedor de una buena fortuna: lo que le dejó su padre, y la reciente herencia de sus tíos franceses. ¿Qué más quieres? Pide por esa boca, y verás como Dios te dice: «Niña, no hay más.»
Electra (suspirando fuerte). ¡Ay!... Y ahora dígame, señor Marqués de mi alma: ¿puedo estar tranquila?
Marqués. Absolutamente.
Electra. ¿Y nada debo temer de las dos personas que...? Ya sabe usted que se creen con autoridad...
Marqués. Algo podrán molestarnos quizás... Pero ya les bajaremos los humos.[86]
Electra. ¿El señor de Cuesta...?
Marqués. Es el de menos cuidado. Hoy he hablado con él, y espero que acabe por apoyarnos resueltamente.