Pantoja. De él no.

Electra. ¿Pues de quién? (Recordando.) ¡Ah!... Ya sé que el padre de Máximo y usted fueron terribles enemigos... También me han dicho que aquel buen señor, honradísimo en los negocios, fue un poquito calavera... ya usted me entiende... Pero eso a mí nada me afecta.

Pantoja. Inocentísima criatura, no sabes lo que dices.

Electra. Digo que... aquel excelente hombre...

Pantoja. Lázaro Yuste, sí... Al nombrarle, tengo que asociar su triste memoria a la de una persona que no existe... muy querida para ti...

Electra (comprendiendo y no queriendo comprender). ¡Para mí!

Pantoja. Persona que no existe, muy querida para ti. (Pausa. Se miran.)

Electra (con terror, en voz apenas perceptible). Mi madre! (Pantoja hace signos afirmativos con la cabeza.) ¡Mi madre! (Atónita, deseando y temiendo la explicación.)

Pantoja. Han llegado los días del perdón. Perdonemos.

Electra (indignada). ¡Mi madre, mi pobre madre! No la nombran más que para deshonrarla. (Furiosa.) Quisiera tenerlos en mi mano para deshacerlos, para destruirlos, y no dejar de ellos ni un pedacito así.